martes, 27 de abril de 2010

Corazones Inservibles





Escribiré un poema de hierro
y golpeará en las cabezas vacías

Se encienden las luces, tus pasos se aproximan firmes por el pasillo. Y empiezo a temblar de pura impaciencia, todo lo que soy se contrae y se tensa, aprieto los dientes y los puños, me preparo para mi embestida…

unos versos de sangre
que duelan en los huesos de los que ahora se muestran impacientes,
los que quieren leernos, los que a veces nos mienten,

Otras veces grité para llamar tu atención, desgarré el silencio con mis delirios y mis maldiciones, con amenazas inservibles cuya única respuesta fue el eco de mi voz revotando y deformándose hasta convertirse en una cruel mofa de mis patéticos alaridos.
Pero tú nunca me respondes, te muestras implacable en tus decisiones, tan insensible a las súplicas, tan impredecible en la arbitrariedad de tus elecciones…

una mano desgarrada firmando sentencia
en las arrepentidas mentes,
desenterrando heridas,
llenando de sal a los cobardes.

Te he oído abrir otras puertas días tras día, confiar en que sean otros los que hagan llegar tus mensajes, y yo sigo aquí esperando, yo que sé cómo te sientes, yo que de un solo golpe podría destruir cualquier resistencia, yo que les odio tanto como tú sigo encerrado deseando servirte, mientras que tú señalas con el dedo a tus elegidos que siempre son otros, indignos de ti, sensibles y blandos, ¡débiles! ¿No lo ves? Yo estoy preparado

mis humildes letras de hierro, terribles y carcomidas
cuando ya ni el deseo de los muertos
sea levantarse
cuando ya ni mis ganas de escribir
las utilice para pronunciarme…

Sigues acercándote y me invade la certeza de que ha llegado mi momento, estás enfadada, puedo sentirlo, otros tal vez puedan esperar más, pero admitámoslo, te estás haciendo mayor, te estás ablandando y me necesitas a mí para dar el golpe de gracia, necesitas abrirme la puerta, para que sea mi rabia la que supla a la tuya. Espero que esta vez no te flaqueen las fuerzas, espero que no vuelvas a dar cabida a la jodida tristeza.

¿Para qué?, si el mundo en el que vivo
está ciego,
¿Para qué? si el papel en el que escribo
es sólo un pliego
que no ve, que no oye,
si tan sólo dan creencia a aquellos con poca existencia
o momentos que fueron lapidados

Estás tan cerca que mi corazón se dispara, ha llegado la hora, miro a mi alrededor tal vez por última vez, veo los golpes en las paredes, los arañazos ensangrentados en la puerta fruto de mi desesperación, vuelvo a sentir la impotencia del encierro pero sé que esta vez ha llegado mi turno, sé que pronto se abrirá mi puerta, puedo sentir tu ira y yo soy tu mejor baza contra su incomprensión… Me preparo, afilo mis versos hirientes, repaso mis rimas destructivas, caliento los motores del frenético ritmo de mi mensaje…

para qué escribir a corazones oxidados
si los hay vivos…
habiendo mentes que si sienten lo que escribo
existiendo oídos que realmente escuchen gritos.

Tus pasos se detienen y con ellos el mundo, el silencio se rompe con el sonido de la llave penetrando en la cerradura, el de tu mano abriendo una puerta que no es la mía… todo vuelve a quedarse a oscuras en el preciso momento en el que la contención se rompe y vuelvo a lanzar mi salvaje embestida contra los muros de mi desasosiego.

Dales un poema y no sabrán leerlo
si ya no tienen corazón y están dormidos,
¡qué pena de poemas que no serán leídos!...
¡qué lástima de mentes que no puedan entenderlo!…

martes, 30 de marzo de 2010

Platónico...



Cada día abro la caja de música para verte bailar. Observo embelesada tus movimientos perfectos, tan medidos, tan estudiados, la delicadeza de tu postura, la impostura de tu sonrisa tan vacía de vida como tu mirada.
Te odio porque sé
que puede valer de disculpa,
defensa de un corazón
que ya ni quiere ni siente
te odio sabiendo que en este caso
es mejor odiar que amar
a los ojos de la gente.

Te veo bailar cada día, tan bella, tan clara, girando sobre tu eje con soltura, estirando tu cuerpo, dejando caer tu cabeza hacia un lado con suavidad, con la mirada ausente, siempre rozando este mundo pero lejos de ser real, tan vacía…
Te odio porque fue solo un paso
lo que me llevó a condenarte
te odio porque el no nombrarte
a mi me llevó a condenarme.

Te veo bailar cada día, tan sola, tan frágil, tan hermosa, repitiéndote una y otra vez con el mismo ritmo, con el mismo tempo, con la misma melodía… y aun así abro la caja para verte bailar cada día ingrávida y rosada sobre tus puntas de porcelana y deseo que cese la música, que algo cambie, liberarte de ese eje, demostrarte que no es necesario que sigas bailando sola siempre al son del encierro.
Te odio porque no salen versos
que no hablen del amor,
sólo rugen reclamando más,
te odio porque en este tiempo
me paré a contemplar cien mil viaductos
y no fui capaz de saltar.

Te veo bailar cada día y busco en tus ojos vacíos una mirada que no existe, que tal vez nunca existió por más que yo la soñara.
Te odio porque mi espejo
dice que te necesito
al verme por las mañanas,
quizá lo refleje mi cara
que no encuentra su sonrisa
por ningún lugar de la casa.

Te veo bailar cada día y sueño que eres libre, que existes para mí, que me miras y que tu sonrisa se llena de intención. Sueño que entras en mi mundo y lo iluminas con tu presencia, descubriendo rincones en otro tiempo tan cálidos y llenos de vida, tan mágicos y esenciales, lugares hermosos que perdí en la oscuridad del olvido, en las tinieblas de la soledad mal entendida. Sueño que tú lo iluminas todo con tu danza libre de ataduras, de los miedos que te mantienen pegada a esa caja, inerte, vacía.
Te odio porque camino
y camino sin saber donde ir,
más odio el camino
por el que ahora camino
que me aparta cada vez más de ti.

Te veo bailar cada día y sueño que me permites amarte y que me amas, que puedo tocarte y que me tocas con manos cálidas y reales, que te acaricio y tu piel renace en contacto con la mía y tu cuerpo frío se templa, y palpita y se llena de alientos y de vida, que me abrazas y te abrazo y tu corazón late contra el mío reclamándome; que me besas y te beso como cuando te soñé aquel día.
Te odio porque cierro los ojos
y tengo sólo oscuridad,
pruebo a cerrarlos más fuerte
y tengo sólo oscuridad,
vuelvo a cerrarlos
poniendo aún más empeño
llegando incluso al mareo
y sigue ahí la oscuridad…
cuando los abro y no te veo
eso es la oscuridad.

Y cada día abro la caja de música que te contiene y te veo bailar y sueño que eres más que un sueño robado, más que una bailarina de porcelana, fría, distante y mía.
Te odio por no tener valor
a decirte lo que siento,
te odio y le pido perdón
a mi ingenuo corazón
que lo he descuidado con esto.
Y te odio con todo mi dolor
para ver si por fin me convenzo…

Hoy, como cada día quiero verte bailar y sueño que eres libre; abro la caja, suena tu música pero tú ya no estás.
Te odio porque es más sencillo
decir mil veces que te odio
a decirte que te quiero.


El imposible, el verdadero, el de un verano, el amor de ensueño, el que te levantó a lo más alto, el que te arrastro al mismo infierno...el platónico, el que por tí siento.

viernes, 26 de marzo de 2010

Tras el sonido de la cerradura


Inmensas extensiones de campo surgían ante sus ojos.
El suelo estaba cubierto de un verde manto de hierba tupida y había árboles grandes y pequeños, verdes y rojizos cuyas hojas se mecían armónicamente por la brisa que corría juguetona entre sus ramas.
La cúpula celeste que se extendía sobre la línea del horizonte estaba decorada de nubes blancas, algunas de algodón y otras desdibujadas que al llegar el atardecer se pintaban de tonalidades rosáceas mientras el sol rompía la línea entre el cielo y la tierra.
Él andaba descalzo por las laderas, podía correr a gran velocidad, dar volteretas, trepar a los árboles y ver la brisa rozando la tela de sus pantalones. Podía saltar tan alto que era capaz de tocar las nubes. A veces iba hasta el río y metía los pies en el agua, otras escalaba hasta una roca muy alta, la más alta de todas (donde ningún otro niño se habría atrevido a subir) y desde ahí contemplaba el camino andado. Otras veces simplemente metía los pies en el barro para ver la huella que dejaban.
Podía andar, como todos los niños, hasta que el sonido de la cerradura le devolvía al salón de su pequeño piso donde pasaba las tardes sentado en su silla de ruedas. Y tras el sonido de la cerradura aparecía su madre que, como siempre, dejaba su abrigo en el colgador de la entrada mientras preguntaba “¿Dónde estás, cariño?” y como siempre él respondía que en el salón mientras la realidad iba imponiéndose sobre la fantasía, y entonces ella se dirigía a Él y le colmaba de besos y caricias.
Sus padres nunca se quisieron demasiado “Éramos demasiado jóvenes” repetía su madre sin parar, y poco después de su nacimiento su padre había desaparecido para siempre.
Ella se había hecho cargo de Él. Le había enseñado a leer y a escribir, y también matemáticas e historia.
A Él le encantaba leer, dedicaba horas a esta actividad y había desarrollado una capacidad sorprendente, casi inimaginable de vivir cada historia leída como si fuera real.
Su madre le quería con locura, y Él hacía lo posible por no preocuparla. No estaba seguro de lo que le pasaba, pero sabía que era distinto a los demás niños y más de una vez pudo oír a su madre contándole al teléfono lo triste y asustada que estaba por su salud, y también oía su llanto callado algunas noches después de haber ido los dos al hospital.
Mamá trabajaba muchas horas para poder cubrir los gastos, pero nunca se quejaba y Él siempre la recibía con una sonrisa.
Pasaba las tardes sólo en el piso y ahí había creado una realidad donde era capaz de cualquier cosa, aunque no se dedicaba a imaginarse haciendo nada sobrehumano como volar u otras fantasías infantiles, simplemente caminaba de todas las formas posibles, unas veces muy despacio, y otras más rápido que nadie.
En su realidad era un chico sano, no le costaba respirar y nunca tenía ojeras, ni se preocupaba por las medicinas.
Alguna vez le había contado a su madre cómo era capaz de hacer todo eso, y ella le escuchaba entusiasmada, sonriente, pero a Él no se le escapaba la sombra de tristeza que nublaba su mirada. Así que se convirtió en su mundo secreto y nunca le habló a nadie más de su existencia.
Por la noche mamá y Él veían juntos la televisión abrazados en el sofá. La programación era lo menos importante ya que pasaban el rato charlando animadamente.
Él le preguntaba por el trabajo y ella siempre tenía alguna anécdota divertida que contar; algunas reales y otras inventadas (o eso creía Él aunque nunca se lo había dicho, ella también tenía derecho a fantasear).
Mamá era joven y guapa, tenía algunas arrugas y ojeras fruto inevitable de la vida que le había tocado vivir, pero Él estaba seguro de que si tuviese más tiempo libre y saliese con sus amigas, si tuviese amigas o conocidas, si no estuviese todo el día trabajando y toda la noche cuidándole, ella podría encontrar a alguien que la quisiese y la cuidase a ella para variar. Pero mamá no salía, ni tenía muchas amigas, y estaba todo el día trabajando y cuidándole, así que no tenía tiempo de conocer a nadie.
Una tarde como cualquier otra Él se acercó a la ventana del salón. Estaba solo. Desde ahí pudo ver a otros niños de su edad jugando en la calle, oía los gritos y las carcajadas, estaba llegando el verano, y en el vecindario se había desatado una batalla de globos de agua y mangueras. Un atisbo de tristeza asomó a su mirada, pero enseguida recordó a mamá y lo que ella solía decirle: “No tienes nada que envidiarles. Tú eres un niño muy especial y algún día todos ellos querrán ser tus amigos”. Levantó la vista y entre los dos edificios que se alzaban frente a Él, al otro lado de la calle, pudo ver como se asomaban tímidamente las verdes laderas de una montaña.
De pronto, los edificios de fueron difuminando hasta desaparecer, y los ladrillos se convirtieron en flores y rocas y los niños en árboles y las calles en ríos, y antes de darse cuenta Él volvía a estar de pie sobre la hierba. Respiró profundamente y no tosió, se sentía más sano y más fuerte que nunca. Como todas las tardes, miró hacia abajo, y en vez de sus dos extremidades enclenques y deformadas, pudo ver dos piernas fuertes y firmes.
Comenzó a moverlas muy despacio, vio como los dedos de sus pies desaparecían entre el manto verde que cubría el suelo.
Miró hacia el frente y vio una gran montaña rocosa. Comenzó a caminar hacia ella, sintió como su cuerpo se llenaba de un torrente de energía vital y echó a correr alargando cada zancada, saltando y volteándose con una gran sonrisa iluminando su rostro.
Se detuvo a mitad de camino para trepar al árbol más grande. Ya conocía muy bien la forma de hacerlo ya que repetía el mismo proceso todas las tardes. Sabía que de todos los niños de su edad Él era el único capaz de subir tan alto. Al llegar a la última rama se dispuso a bajar pero algo le detuvo. Afinó el oído... nada... le había parecido oír la risa de alguien, pero eso era imposible ya que nadie más conocía ese mundo. Bajó hasta el suelo de un salto y siguió corriendo hacia la montaña.
El cielo se cubrió de nubes grises y comenzó a llover. Era la primera vez que ocurría desde que Él había aprendido a viajar a ese lugar. “¿Qué daño pueden hacerme unas gotas de agua?” Siguió su camino más y más ilusionado, de pronto se tropezó con una piedra y cayó aparatosamente al suelo ¡No importaba! Volvió a levantarse y aceleró aun más el ritmo. Notó una sensación extraña y se detuvo. Sentía algo en la rodilla, estaba maravillado, nunca antes sus fantasías habían sido tan reales... algo cálido le resbalaba por la pierna. Miró. ¡Sangre! Al caer se había hecho una herida y estaba sangrando... Eso sí que era raro, nunca antes se había hecho daño...
“¿Te duele mucho?”
Él alzó la vista sobresaltado. Frente a sus ojos había un niño de su edad mirándole con cara amigable.
“No mucho ¿Quién eres?”
“Vivo aquí cerca y voy a ver a mis amigos ¿quieres conocerlos?”
“Bueno”
No salía de su asombro, no era posible que hubiese más niños ahí sin que él lo supiera... ¡Era genial! Por fin tendría amigos con los que jugar.
Los dos salieron corriendo hasta llegar a la montaña. Ahí encontraron a otros niños (diez o más calculó Él). Tenía la respiración agitada y le dolían las piernas... Estaba cansado... ¡Sentía cansancio!... Nunca antes se había cansado por correr... ¡Qué maravillosa sensación!
Comenzó a jugar con los otros niños, jamás se había divertido tanto, o eso creía ya que de pronto le costaba recordar cosas de su pasado, ni siquiera tenía muy claro cómo había llegado ahí, aunque eso no le importaba, nada le importaba, era inmensamente feliz...
Como cada día se oyó el chasquido de la cerradura en el piso, y tras la puerta apareció mamá que, como siempre, dejó la chaqueta en el colgador mientras preguntaba “¿Dónde estás, cariño?” pero esta vez no hubo respuesta. Ella extrañada repitió la pregunta... nada. Se asomó al salón. El cuerpo del niño yacía inerte sobre la vieja silla de ruedas y una sonrisa radiante iluminaba su rostro...


Gracias, Amigo, por soñarlo conmigo.



ES ASÍ

No es miedo lo que tenemos
sumisión lo llamaría mejor
tú no levantas la voz
pues partes y vas al silencio.

Y sabiendo a lo que hemos venido
conociendo para lo que nacimos
una vida construimos
para completarla y marchar.

Porque por desgracia o suerte
a ti, callada y negra muerte
algún día indefectiblemente
nos tenemos que encomendar.

Y no los valen los pronósticos
ni ser buenos, superiores
jóvenes o mayores,
si abres tus funestos brazos
y nos llamas a tu regazo
no hay nada más de que hablar
ya que no inventaron aún vacuna
ni se descubrió manera alguna
que tu decisión pueda lidiar.

No puedes dejar de existir
lo dice el refrán la vida es así,
lo dice la vida, nacer es morir.


¿y después qué?¿Existen el cielo y el infierno?¿la reencarnación?¿quedará una parte de mi vagando en el mundo de los vivos?, ¿volveré a la tierra, o el viaje acaba así?.


¡Qué mas da! ¿qué importa si después de morir nos van a juzgar o si desaparecemos sin más dejando atrás la frágil memoria de nuestra breve existencia? ¿qué importa si nuestra energía volverá a formar parte de un flujo universal, o si tras la muerte hay nubes y ángeles, demonios, grilletes o Satán? ¿qué importa si arriba somos un número más en una estadística celestial? si nos quedaremos en el limbo, en los Campos Elíseos o a la diestra de Alá?, ¿qué importa si vamos a descansar? ¿qué importa si en esta vida no quisimos aprovechar? ¿qué importa si luego hay otra y sé que contigo me volveré a encontrar? ¿qué importa si existiera ese y para él somos fuéramos un pacto nominal? Un trabajo de ocho horas con posibilidad de hacernos fijos en la eternidad… No hay respuesta segura y posiblemente nunca la habrá, lo que está claro es que vivimos, que estamos vivos, nada más.
Ama intensamente y déjate llevar, quema todos tus recursos y no te olvides de soñar, lucha por tus sueños pero disfrutando del camino, no dejes de pasear. Juega con todas tus cartas tu cuerpo y tu mente, tus sentidos y tu capacidad de fantasear.. . Vive cada vida como si fuera la única y luego... luego ya se verá.

martes, 23 de marzo de 2010

Entra y te entretendrás...




Toda lectura enriquece pero no toda lectura te hace soñar…

Escribir…el arte de plasmar el sentimiento antes de dilapidarlo, gracias a ello hago de mis horas más largas minutos felices llenos de creación, donde soy tan sólo yo, de esos minutos no se escapa un poema por pequeño que sea.
Tengo mil razones para hacerlo, quizá la más importante y la que resuma todo sea que siento lo que escribo y escribo lo que siento.
Textos, pequeños agujeros imperfectos donde me asomo a demandar deseos, donde veo cada noche de qué color se pinta el cielo, donde detengo el tiempo, donde me pierdo, donde pasan los fugaces pensamientos heridos por el desconsuelo, donde he pasado frío y mis mejores recuerdos, donde solamente yo conozco dónde concluyo lo que emprendo, donde decido lo que tengo y lo que quiero, donde vuelo, donde me lanzo al vacío y planeo a ras de suelo...
La perfecta escapada, la poeta que se desnuda en cada verso. Es un arte difícil y su recompensa es perecedera, pero los recuerdos de lo leído duran toda la vida (ahora jamás olvidaré la imagen de una silla por ejemplo). Entre tantas otras obras y con firmas y era una anónima quien iba a contraerme el pecho…las lágrimas ya son un hecho si te leo.

¿Una buena obra? mejor un buen sueño…y escribirlo.

Y de ti, nueva cómplice que apareciste en este camino, quiero relatos, quiero esos ratos donde tus sueños me devuelven a los míos, quiero esa brutalidad de tus paseos de tus caídas al vacío de tus despertares y tus momentos de “retiro”, no escribes, tú describes y te vendes a esos sueños donde todos alguna vez hemos estado inmersos, esos textos sin versos, pero tan necesarios para los míos…es el viaje perfecto.
Destroza lo que yo escribo, reinvéntate y reinvéntame de nuevo con tu capacidad de alcanzar los sueños pero hazlo en mis poemas y a mí déjame vivir en tus relatos, es por eso que te pido que hagamos un trato(al más puro estilo Benedetti)

Toda vida es un viaje, pero no todos los viajes te permiten volar…

Escribir…el arte de hacer perdurar fantasías que podrían cruzar por mi mente sin apenas dejar huella, de dilatar le realidad hasta el límite de lo irracional, de jugar con el tiempo, el espacio y la perspectiva a mi antojo... el arte de poner voz a aquello que nos rodea, que en apariencia solo es el escenario, pero que de pronto, ¿por qué no? se convierte en protagonista.
Tengo mis razones para hacerlo, claro, tantas que al intentar describirlas me he perdido en ellas y casi no encuentro el camino de vuelta. La principal, posiblemente es porque puedo. Porque sobre el papel nadie puede cortarme las alas, no existe lo imposible siempre que yo encuentre las palabras, porque ya no es un secreto que cada relato es más que una fantasía, es una vivencia. Vivencias tan reales como un día de trabajo, como el dolor, como la ilusión por el amor encontrado, como el desconsuelo cuando he fracasado, cada relato es un mundo que creo y en el creo y vivo experiencias inolvidables. Si soy capaz de evocar la sensación de tener el mundo a mis pies, de mi cuerpo abriéndose camino a través del aire, del viento agitando mi pelo y golpeando mi rostro, de mis pulmones llenándose de libertad, si todo eso lo he experimentado en situaciones tan cotidianas como ir en un coche con la ventanilla bajada, o sentarme en lo alto de un acantilado, o simplemente viajando en avión, ¿qué me impide cerrar los ojos, traerlo todo a mi mente y echar a volar? escribo para compartirme contigo que me lees, para abrirte una puerta a mi mundo en el que ando creando aunque a simple vista parece que solo ando. Escribo porque la vida es un juego y porque prefiero pensar que el árbol que me cobija está compartiendo conmigo el momento y no sólo formando parte de él. Porque hay cosas que necesito vivir contigo aunque tú no quieras y sobre el cuaderno puedo redescubrirte una y mil veces. Escribo porque la vida solo es una y si no escribiera solo viviría para al final morir. Este es mi gran viaje y yo elijo exprimirlo así.

Lejos de un sueño, una vuelta a la realidad

Y a ti, nueva cómplice que apareciste en este camino, solo darte las gracias. Gracias por recordarme quién he sido y por ayudarme a desentumecer la diestra y a volver a ser. Acepto el reto, hagamos el trato, tú sigue plasmando emociones con la brutal sensibilidad que despides en cada verso y yo no volveré a esconderme tras cuadernos cerrados. Se acabaron las almas silentes y mutiladas. Emprendamos el viaje, echemos a volar.

Y solamente por esto, lucrarnos de lo que desea el resto, esto no es un blog, es una ventana abierta a los sueños, eso sí… INTENSOS