Escribiré un poema de hierro
y golpeará en las cabezas vacías
Se encienden las luces, tus pasos se aproximan firmes por el pasillo. Y empiezo a temblar de pura impaciencia, todo lo que soy se contrae y se tensa, aprieto los dientes y los puños, me preparo para mi embestida…
Se encienden las luces, tus pasos se aproximan firmes por el pasillo. Y empiezo a temblar de pura impaciencia, todo lo que soy se contrae y se tensa, aprieto los dientes y los puños, me preparo para mi embestida…
unos versos de sangre
que duelan en los huesos de los que ahora se muestran impacientes,
los que quieren leernos, los que a veces nos mienten,
Otras veces grité para llamar tu atención, desgarré el silencio con mis delirios y mis maldiciones, con amenazas inservibles cuya única respuesta fue el eco de mi voz revotando y deformándose hasta convertirse en una cruel mofa de mis patéticos alaridos.
Otras veces grité para llamar tu atención, desgarré el silencio con mis delirios y mis maldiciones, con amenazas inservibles cuya única respuesta fue el eco de mi voz revotando y deformándose hasta convertirse en una cruel mofa de mis patéticos alaridos.
Pero tú nunca me respondes, te muestras implacable en tus decisiones, tan insensible a las súplicas, tan impredecible en la arbitrariedad de tus elecciones…
una mano desgarrada firmando sentencia
una mano desgarrada firmando sentencia
en las arrepentidas mentes,
desenterrando heridas,
llenando de sal a los cobardes.
Te he oído abrir otras puertas días tras día, confiar en que sean otros los que hagan llegar tus mensajes, y yo sigo aquí esperando, yo que sé cómo te sientes, yo que de un solo golpe podría destruir cualquier resistencia, yo que les odio tanto como tú sigo encerrado deseando servirte, mientras que tú señalas con el dedo a tus elegidos que siempre son otros, indignos de ti, sensibles y blandos, ¡débiles! ¿No lo ves? Yo estoy preparado
Te he oído abrir otras puertas días tras día, confiar en que sean otros los que hagan llegar tus mensajes, y yo sigo aquí esperando, yo que sé cómo te sientes, yo que de un solo golpe podría destruir cualquier resistencia, yo que les odio tanto como tú sigo encerrado deseando servirte, mientras que tú señalas con el dedo a tus elegidos que siempre son otros, indignos de ti, sensibles y blandos, ¡débiles! ¿No lo ves? Yo estoy preparado
mis humildes letras de hierro, terribles y carcomidas
cuando ya ni el deseo de los muertos
sea levantarse
cuando ya ni mis ganas de escribir
las utilice para pronunciarme…
Sigues acercándote y me invade la certeza de que ha llegado mi momento, estás enfadada, puedo sentirlo, otros tal vez puedan esperar más, pero admitámoslo, te estás haciendo mayor, te estás ablandando y me necesitas a mí para dar el golpe de gracia, necesitas abrirme la puerta, para que sea mi rabia la que supla a la tuya. Espero que esta vez no te flaqueen las fuerzas, espero que no vuelvas a dar cabida a la jodida tristeza.
Sigues acercándote y me invade la certeza de que ha llegado mi momento, estás enfadada, puedo sentirlo, otros tal vez puedan esperar más, pero admitámoslo, te estás haciendo mayor, te estás ablandando y me necesitas a mí para dar el golpe de gracia, necesitas abrirme la puerta, para que sea mi rabia la que supla a la tuya. Espero que esta vez no te flaqueen las fuerzas, espero que no vuelvas a dar cabida a la jodida tristeza.
¿Para qué?, si el mundo en el que vivo
está ciego,
¿Para qué? si el papel en el que escribo
es sólo un pliego
que no ve, que no oye,
si tan sólo dan creencia a aquellos con poca existencia
o momentos que fueron lapidados
Estás tan cerca que mi corazón se dispara, ha llegado la hora, miro a mi alrededor tal vez por última vez, veo los golpes en las paredes, los arañazos ensangrentados en la puerta fruto de mi desesperación, vuelvo a sentir la impotencia del encierro pero sé que esta vez ha llegado mi turno, sé que pronto se abrirá mi puerta, puedo sentir tu ira y yo soy tu mejor baza contra su incomprensión… Me preparo, afilo mis versos hirientes, repaso mis rimas destructivas, caliento los motores del frenético ritmo de mi mensaje…
para qué escribir a corazones oxidados
si los hay vivos…
habiendo mentes que si sienten lo que escribo
existiendo oídos que realmente escuchen gritos.
Tus pasos se detienen y con ellos el mundo, el silencio se rompe con el sonido de la llave penetrando en la cerradura, el de tu mano abriendo una puerta que no es la mía… todo vuelve a quedarse a oscuras en el preciso momento en el que la contención se rompe y vuelvo a lanzar mi salvaje embestida contra los muros de mi desasosiego.
Tus pasos se detienen y con ellos el mundo, el silencio se rompe con el sonido de la llave penetrando en la cerradura, el de tu mano abriendo una puerta que no es la mía… todo vuelve a quedarse a oscuras en el preciso momento en el que la contención se rompe y vuelvo a lanzar mi salvaje embestida contra los muros de mi desasosiego.
Dales un poema y no sabrán leerlo
si ya no tienen corazón y están dormidos,
¡qué pena de poemas que no serán leídos!...
¡qué lástima de mentes que no puedan entenderlo!…



